jueves, 21 de febrero de 2013

UN ROSTRO DESESPERADO, UNA MIRADA DE FELICIDAD. MARTES 19 DE FEBRERO


 Recuerdo perfectamente el rostro desesperado de aquel chaval hace tres años, andaría por los 15 años: Señora necesito una beca, ¿no quedará una para mí?. Tal era su mirada de angustia, que en ese momento me hubiera gustado tener un montón de colaboradores, con sus becas, disponibles para él. Pero no había vacantes. Tanto insistió que solo se me ocurrió decirle que esperase hasta el final de la mañana para ver que podíamos hacer. No consigo traer a la memoria con claridad, si falló una de las becas asignadas o si apareció un colaborador al que por despiste no le habíamos asignado un alumno; el caso es que su espera no fue en vano,  cinco horas después de esperar con ansia una posibilidad, ahí llegaba.

Desconozco cuán religioso es el muchacho, pero seguro que en esa espera inacabable, rezó todo lo que pudo, al igual que su papá: un señor de semblante hierático, indio, inexpresivo, salvo la amargura que se asomaba a sus ojos. Me explicó que la mamá se había muerto. Le dejó con tres hijos; la mayor se fue con los abuelos maternos poco después del desenlace fatal de su esposa. Él cuidaba a los otros dos como podía, con un trabajo de vigilante en jornadas de 24 horas al día, excepto un día a la semana;  con un sueldo que apenas alcanzaba para comer los tres. Explicó como Denis, así se llama el muchacho, se hacía cargo de su hermana, la comida y la casa. Él ya no podía más y no sabía qué hacer, si no le ayudaban sus hijos tendrían que dejar de estudiar . Su mujer y él habían luchado tanto por dar estudios a sus hijos que retirarlos ahora suponía otro fracaso más en su vida; un revés que cargaría a sus espaldas, como una mochila vieja que se va llenando, no de alegrías si no de decepciones, cada vez más pesada que no te deja avanzar, sino, al contrario,  tira de ti para atrás irremediablemente.

Cuando se le comunicó que tenía beca, su rostro cambio, el de Denis, el del padre, tan hermético, algo aflojó. Tan sólo sus miradas se relajaron un poquito, porque la tristeza seguía anidando dentro de ellos.

Algún ángel más se ha encontrado Denis en estos tres años y quizá, también, su madre desde allá arriba ha estado cuidándole, porque a pesar de todo era un adolescente y a punto estuvo de perder la beca por descuidar un poco los estudios y juntarse con quien no debía. Pero su tutora en el colegio, le tendió un puente, le animó y le alentó para que siguiera dando todo en los estudios.

Cuando hoy le vi, era otro muchacho, otro rostro, otra mirada; esta vez sí, de felicidad, aunque esta solo aparezca en determinados momentos de nuestra vida con claridad. Había acabado su carrera técnica. La empresa donde había realizado sus prácticas estaba tan contenta con él que le habían llamado para incorporarse a la plantilla, su primer trabajo remunerado y hasta su sueldo, pequeño, de contrato como ayudante, le parecía de lo mejor.  Venía bien vestido, elegante como para una cita importante y lo era, pues de su interior brotaba el agradecimiento, esa sensación de gratitud que se nota cuando es de verdad, yo creo que solo le faltaba saltar.

Para nosotros, la Asociación Educo y para aquellos que canalizan, con confianza, a través de nosotros su ayuda, percibir que nuestros objetivos se cumplen en Denis y en otros, que a lo mejor lo manifiestan de una manera más callada, nos hace plantearnos que estamos en buen camino, que por esa senda debemos seguir. Tenemos la esperanza de que al Igual que Denis, muchos otros jóvenes a los que apoyamos, podrán salir adelante y enfrentarse a un futuro más alentador.
Mar Sarmentero


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